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sábado, 1 de febrero de 2014

LA MUJER Y SU SER DIVINO

La estructura energética de la mujer es receptiva.  Ella absorbe dentrode su cuerpo y transmite emociones por medio del contacto físico.  Unamujer abraza todas las energías con las que entra en contacto y emana lacualidad de sí misma a través de sus sentimientos y la capacidad sensible de sumente.  Sin decir una palabra, ella es el vehículo perfecto para laactividad transmutadora de la Conciencia, pero muchas mujeres aún no losaben.  En vez de ser participantes jubilosas del proceso que eleva lahumanidad, muchas mujeres se encuentran abrumadas bajo el peso de la cualidadnegativa de las emisiones en nuestro mundo.
Hoy, todo lo que es oscuro y secreto adquiere un misterio que es negativo,si no peligroso.  La asociación de lo diabólico y siniestro, sangriento,mórbido, lo deforme y desequilibrado mental con la diversión hace que elpeligro se torne exótico, una aventura yfascinantemente intensa. Esta actitud es especialmente nociva para las mujeres.  Parece ser“inofensiva”, pero bajo las apariencias y la excitación sensorial, ocurre otroproceso. Se diría que no hay nada malo con mirar una película de terrormientras se comen palomitas y se cuida de un bebé, pero el mensaje que éstatransmite se implanta de manera no-verbal en la sensibilidad de todos lospresentes.
Lo que es desestabilizante, incongruente y totalmente imposible es cuandolas mismas personas que se entretienen con lo macabro también buscan losfavores de un mundo de luz.  La vida es bastante más compleja de lo queparece.  Es más delicada y mucho más amplia que los deseos profesos de pazy luz.  Cada acto, pensamiento y sentimiento humano atrae un retornoaumentado.  Nos convertimos en la manifestación concreta del mundo que construimosprogresivamente.
La constitución de un ser humano, como espíritu vestido de materia, respondea dos principios que se manifiestan en el mundo material: la fuerza bruta y lasensibilidad.  La materia depende de tensión y fuerza, mientras que elespíritu, o la Conciencia, es guiado por la sensibilidad.
La oscuridad y la luz, en esencia constituyen un movimiento único que fluyedesde el espacio infinito pasando por la condensación, la disolución y elregreso a sí mismo, para repetir el proceso una y otra vez.  La noche nosería oscura sin el día y el sol no podría exhibir su brillo si no estuvierainmerso en un mar de oscuridad ilimitada.  Así es el destino y elequilibrio perfecto de la Creación.  Infelizmente, no es así en nuestropensar y por extensión en nuestra realidad humana, en donde las cosas sereducen a lo inmediato y tangible. Como resultado, la oscuridad que podría serrica y nutrirnos como un principio de reposo, es sustituida por una sobrecargasensorial que pretende serlo.  La oscuridad eterna, fondo para laCreación, es como un negro nacarado, suave, sedoso, luminoso y rico, mientrasque la oscuridad de la creación humana es opaca, fea, dura y sin brillo.
La raíz del desequilibrio y la negatividad que condicionan “las sombras”reside en nuestra fijación ignorante con la materia.  No estamosconscientes de que nuestro apego a la seguridad, a las posesiones, el dinero ylas relaciones son expresiones de la ley de la materia, su necesidad de tener ymantener, su obsesión por pensar en términos de fuerza bruta.  Nocomprendemos que cada vez que nos rehusamos a aceptar lo inesperado, loespontáneo, que somos reticentes a soltar y liberar personas y condiciones ennuestras vidas, también actuamos en función de la necesidad de la materia pordefinir, agarrar y conservar.
El propósito de la materia, o del mundo físico, es crear y sustentarformas.  Partículas de substancia se pegan unas a otras en varios gradosde densidad.  Este es su objetivo: solidificar.  Nuestros cuerpos ytodo lo que está conectado con nuestra existencia material, o sea, nuestrasemociones y la mente lineal, obedece a este impulso.  Nuestra Conciencia,por otro lado, está compuesta de átomos sutiles que buscan movilidad y mayorespaciosidad; generan luz y llaman a la materia a regresar a la fuente. Cada encarnación es una oportunidad para aprender a tener, crear y construirsin solidificar nuestras creaciones a tal punto que nos posean y nosidentifiquemos con ellas.
Dónde colocamos nuestro pensamiento, como foco e importancia, nos determina. Cuando le damos importancia a algo, lo ponemos en el altar de nuestro Ser; seconvierte en nuestro “Dios”.  Cuando la mente está totalmente enfocada enasuntos materiales, el complejo cuerpo-mente-emoción responde,adaptándose.  Las sensibilidades más finas se entierran gradualmente bajoel peso de las consideraciones materiales.  Como resultado,figurativamente y de cierta manera literalmente, el ser humano desarrollaraíces, como tentáculos, hacia dentro de la misma corteza de la tierra. En lugar de enraizar nuestra Conciencia al núcleo o corazón de la tierra, comosería nuestro propósito,  nuestras facultades y nuestra propia identidadse vuelven una con las creaciones a las cuales damos vida.  Nos volvemososcuros y toscos.  En vez de encontrar alimento y reposo en la oscuridaddel infinito, lo coloreamos con los secretos de nuestra libido y lositinerarios escondidos de pensamientos pornográficos explotadores.
La libertad es una condición del alma y del espíritu.  Presumir queella existe en la materia sería negar su naturaleza.  En su origen, el serhumano es divino.  Sus alas, como la Libertad, responden a la premisa dela luz en acción, dentro del mundo.  Ser libre para hacer y tener requiereuna comprensión inteligente de las dos leyes y del equilibrio que solo laConciencia aporta. Esto es justo el opuesto a la condicionalidad. Aprender a administrar la materia mientras estamos posados en lo alto sobre lainteligencia-sensible del alma requiere otro tipo de pensamiento, uno que estáafinado al perfecto caos del universo.  Requiere la cualidad de la mentefemenina.
El poder del amor – el tipo emitido por una mujer iluminada – tiene lasuficiente fuerza que se necesita para desatar capas de densidad que aprisionanun ser humano atado a la forma.  La energía de la mujer resuena con elpropio útero del planeta, la fuente de la materia misma.  Se conoce en elmundo esotérico, que para elevarse más allá del llamado de la materia, cadahombre deberá ser abrazado por el poder invencible del corazón de una mujer. A menudo es el de la madre; a veces es el de una amante, una hermana o unaamiga.
En el reino humano existen “ángeles” de las sombras y “ángeles” de laluz.  Los primeros se atan inexorablemente al principio de densidad de lamateria, en un impulso cada vez más intenso por ejercer poder sobre laCreación.  Los últimos responden a la ley del espíritu, volviéndosediáfanos, expresivos, inclusivos, compasivos, el alma misma de la divinidadque, como Principio Femenino, abraza toda la vida, tanto la luz como laoscuridad.

Autora: Zulma Reyo (TRECE LUNAS)

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